La comunicadora ultra K defendió una regulación total del mercado y opinó sin saber sobre empresas como Mercado Libre y Shein. En el kirchnerismo celebraron sus dichos.
La fanática kirchnerista Julia Mengolini volvió a quedar en el centro de la escena tras una frase que retrata, sin filtro, el ADN político del espacio que la contiene. “Obvio que hay que regular, todo hay que regular”, lanzó en su programa, reforzando la idea de un Estado con poder absoluto para intervenir en cada rincón de la vida económica.

La conductora no sólo defendió una regulación total del mercado, sino que también se animó a opinar —sin el mínimo conocimiento técnico— sobre gigantes como Mercado Libre y Shein, cuestionando modelos de negocio que funcionan en todo el mundo y que generan miles de puestos de trabajo en Argentina. Para el kirchnerismo, sin embargo, ese desconocimiento no fue un problema: lo celebraron como si fuera un gesto de “coraje político”.
Los dichos de Mengolini no sorprenden dentro del ecosistema K, donde la palabra “regular” funciona como comodín para justificar cualquier avance del Estado. Lo que sí llama la atención es la naturalidad con la que plantea un esquema de control absoluto, sin límites y sin debate, como si la economía argentina necesitara más trabas y no menos.
El kirchnerismo abrazó su discurso con comodidad: la idea de que “todo debe ser regulado” encaja con una visión que ya dejó marcas profundas en la economía, desde cepos de todo tipo hasta sistemas de control que espantaron inversiones y achicaron la actividad productiva.
En un contexto en el que miles de emprendedores, comercios y pymes buscan respirar, que una de las voces más escuchadas del espacio salga a pedir más intervención y más control no es sólo un desatino: es un recordatorio del modelo que el kirchnerismo intentó —y aún intenta— imponer. Un modelo que una y otra vez demuestra el mismo resultado: menos libertad, menos crecimiento y más dependencia estatal.