El especialista en crecimiento con y sin dinero, Javier Milei, felicitó a su ministro de Economía aunque la inflación sigue siendo altísima.
Mientras millones de argentinos siguen perdiendo poder adquisitivo, el presidente Javier Milei volvió a celebrar cifras altas de inflación como si se tratara de una hazaña histórica.
Apenas el Instituto Nacional de Estadística y Censos publicó el índice de inflación de diciembre y el acumulado anual de 2025, el mandatario salió a las redes sociales con un mensaje grandilocuente: “Toto, el más grande”, en referencia al ministro de Economía, Luis Caputo. El cierre, ya convertido en muletilla oficialista, fue un lacónico y autosatisfecho “Fin”.
Caputo no se quedó atrás y reforzó el tono triunfalista. Informó que la inflación de diciembre fue del 2,8 por ciento y que la variación interanual alcanzó el 31,5 por ciento, a lo que calificó como “la más baja en los últimos 8 años”.
Para el ministro, el resultado sería un “logro extraordinario”, atribuido al reacomodamiento de precios relativos, la flotación cambiaria, la contracción de la demanda de dinero y el ajuste fiscal.
En su extenso posteo, Caputo sostuvo además que el programa de estabilización, basado en el superávit fiscal, el control estricto de la cantidad de dinero y la capitalización del Banco Central, continuará siendo el eje para profundizar el proceso de desinflación.
Incluso llegó a afirmar que este sería “el único camino viable para erradicar definitivamente la inflación y hacer grande a Argentina otra vez”.
Sin embargo, detrás de la épica digital y los aplausos entre funcionarios, la realidad cotidiana muestra otra cara: salarios que no alcanzan, consumo en retroceso, cierre de comercios, caída de la actividad y un ajuste que golpea con fuerza a los sectores medios y populares.
La inflación podrá desacelerarse en los papeles, pero el costo social del modelo libertario es cada vez más evidente.